Había
sido una jornada extenuante, el trabajo arduo bajo el sol los había bronceado,
estaban un poco sudados y con las manos llenas de tierra, vamos a lavarnos,
dijo él mientras se dirigía al grifo en una pared del patio y ella lo
seguía, abre el grifo y pone sus manos
bajo el chorro cuando ella las coloca más arriba para recibir el agua, sus
manos se rozan, ellos se ven y se sonríen ligeramente y voltean la mirada
enseguida, como si no hubiese pasado nada. Listo dice él y se retira, ella
termina su labor y cierra el grifo, camina en dirección opuesta a él y se
sienta en la cerca viendo a la montaña, su cabellera negra brillaba, su rostro
tenía una expresión, agotamiento. Él se acerca lentamente y coloca sus manos en
su cuello, lo que ocasiona unos escalofríos en ella, que trata de disimular de
la mejor manera, él se percata de ellos, pero decide ignorarlos. Como quien
sabe lo que hace, le da un masaje en su hombro y cuello, con las yemas de los
dedos presiona en su nuca, sobre su clavícula, en dirección descendente, de
arriba abajo, varias veces, ella ya no puede contener los escalofríos en todo
el cuerpo, ella voltea su cabeza mira hacia arriba y lo ve directamente a los
ojos, su cara parecía preguntar: ¿qué me haces? El dejo de hacer presión con
sus manos, dejo de moverlas, los nervios lo invadieron, pero se fueron
acercando, lentamente, sus ojos no perdían el contacto, no existía más nada en
ese momento, sus ojos se cerraron y sus labios se chocaron, nunca se habían
besado, ella empezó a girarse y el la sujetó firmemente por los costados y
completo la vuelta. Ya estaban de frente, sus labios no se habían detenido, era
un beso suave, como quienes no sabían que lo estaban esperando desde hace mucho
tiempo.
El
cansancio desaparecía, la respiración se aceleraba un poco y el beso se hacía
más intenso. Se separaron por un instante, se vieron nuevamente a los ojos,
ella se perdió en sus ojos color nestea, él hizo lo mismo en los de ella. Esta
vez su mirada era otra, el brillo de sus ojos competía con el de su cabellera
negra que se movía con la brisa. No hizo falta que hablaran, desde hace rato
que las palabras sobraban, sus miradas decían todo lo que tenían que saber, desembarazo, deseo. Sus ojos se
volvieron a cerrar y se volvieron a acercar, pero esta vez fue diferente, fue
violento, él la sujetó firmemente por el costado, ella puso sus brazos por
detrás del cuello de él, él la besó intensamente, sus lenguas hacían esgrima,
él la beso por su barbilla, llego a su cuello dibujando un camino con su
lengua, ella echó su cabeza hacia atrás y exhaló. Él la besó desde la base de
las oreja derecha hasta su nuca donde le dio un pequeño mordisco, lo que hizo
que ella se exaltara y sonriera, con su lengua recorrió toda la base de su
cuello hasta su garganta, subió hasta su boca, sus labios se conseguían
nuevamente, como si tuviesen una eternidad que no se veían. Con sus narices en
contacto se ven, él con cara de pregunta y ella con cara de respuesta, sí. El muerde ligeramente el lóbulo
izquierdo de su oreja, ella le clava las uñas en su espalda.
Atardecía
y la brisa se ponía más fría y más fuerte, él la agarra por los glúteos y la
levanta, se da media vuelta y entran a la cabaña, pateando la puerta para
cerrarla. Ella se para frente a él y ahora es ella quien lo aprieta por las
nalgas y lo junta a ella, como diciendo “que haces allá tan lejos?” él la besa
por los hombros baja a su espalda, su camiseta estorba, así q poco a poco
empieza a subirla, ella duda por fracciones de segundo, pero levantó sus brazos
al cielo para facilitarle el trabajo. El la acaricio muy suavemente, sus manos
recorrían toda su espalda apenas rozándola, subían y bajaban en movimientos
circulares, los escalofríos volvieron a ella, no se podía contener, no quería contenerse. Sus uñas nuevamente
se clavaron en su espalda. El la mordió en el hombro derecho y bajó con besos
hasta su garganta y empezó a bajar muy lentamente, beso tras beso, ella sólo hincaba
más sus uñas en él y exhalaba, sus respiraciones estaban agitadas, llego al
centro de su pecho y se detuvo, miró hacia arriba y sus ojos se cruzaron, el
movió lentamente su lengua por el borde de su seno derecho, hasta que llego a
la tira del brasier, luego hizo lo mismo, desde el centro, todo el arco hasta
la tira izquierda. Con sus manos aun paseando por su espalda, desplazó su mano
izquierda y desabrochó el sostén, que no era más que un estorbo, pero lo sujeto
con sus manos y lo retiró muy lentamente, mientras besaba poco a poco el lado
que las tiras no habían permitido, dejando al descubierto sus senos, redonditos
y sus pezones erizados. Ella movió los brazos y el brasier cayó en el piso y
con el mismo movimiento levanto su camiseta, la cual aterrizó al lado del
sostén.
A
pesar del frío que hacía, cuando pechos se tocaron se podía sentir el calor,
casi se veía el vapor que emanaba de ambos. Él lamió con movimientos en espiral
sus senos, desde el borde, hasta sus aureolas, 2 vueltas, hasta su pezón,
primero el izquierdo, luego el derecho. Los mordía, los besaba, rozó su barba
contra sus pezones y otro estremecimiento fue claramente visible, el sonrió.
Nuevamente se besaron y el empezó a bajar, primero por su cuello, su garganta,
luego todo su pecho, se paró a mitad de sus senos, 1 segundo, luego siguió beso
todo su abdomen, tenso, plano, besó su ombligo, y siguió bajando, hasta su
pantalón. Sus manos la sujetaban por la parte baja de su espalda, detrás de su
cintura, lamió todo su vientre en donde hacia contacto con el jean, hacia la
derecha, hacia la izquierda y al centro nuevamente, tomo el botón del pantalón
y la levantó la cabeza para verla a la cara, ella bajó la cabeza y parte de su
abundante cabellera cayó, brillante, en ese momento no hubo ni una fracción de
segundo de duda. El desabrocho el pantalón, y bajo los 3 cm de cierre, sin
bajarlo, solo doblando el frente, empezó a besar la nueva área descubierta. Él
de cuclillas empezó a bajar el pantalón, ella movía sus caderas de un lado al
otro, nuevamente para facilitar el trabajo. El jean bajo, un cachetero de
franjas, ambos sonríen. Se detiene nuevamente, acaricia sus glúteos, besa sus
muslos, el pantalón está a las rodillas, él beso sus muslos, desde abajo hacia
arriba, la besaba sobre el cachetero, 10 cm más abajo del ombligo. Ella levanto
una pierna, luego la otra y con un movimiento simple se quitó el pantalón. Él
comienza a desabrocharse el pantalón, ella lo ve con gesto de desaprobación y
mueve la cara de un lado al otro en negación, aparta sus manos del pantalón y empezó
a quitárselo, en lo que baja el cierre el pantalón cayó, un bóxer verde, ella
sonrío. Empezó a besar sus cuadritos, sus muslos a explorar y palpar sus
piernas, fuertes y torneadas. Él la sujetó por sus caderas y ellas por sus
hombros y como si de un baile se tratara, se fueron hasta el sofá más cercano.
Ella
cayó con una gran sonrisa, él comenzó a besarla, desde los tobillos, la
pantorrilla, la rodilla, el muslo, subió con una serie de besos, se detuvo
nuevamente en sus senos, lamió su aureola de forma circular, luego sus pezones,
rápidamente, otro espasmo, empezó a bajar por el centro de su vientre, marcando
un camino con su lengua, Ella apretó el mueble, él siguió bajando 10 cm bajo su
ombligo, 11, 12, hasta que encontró algo
diferente, estaba muy mojada. Ella hizo un arco con su cuerpo, su vientre plano
se elevó, ella, estaba lista. Sus caderas anchas, inteligentes, dispuestas, le
pedían a gritos. El empezó a deslizar el cachetero por sus piernas, besó el
área entre sus piernas y el pubis, los espasmos eran más constantes, la
agitación de sus respiraciones era elevada, terminó de quitar la panty, que
voló por la habitación.
Ella
abrió un poco las piernas, mientras levantaba la cabeza y lo veía. Sin
apartarse la mirada uno del otro el lame la parte interna de su muslo, ella lo
agarró por la cabeza, rozó "accidentalmente" sus labios con la
barba, ella apretó su cabeza contra su vagina, él comenzó a lamer, por fuera muy
suave, tocando muy poco sus labios, tocó con su lengua su clítoris, otro
espasmo, mientras su mano izquierda acariciaba sus senos, su mano derecha se
dirigió hasta la boca de ella e introdujo su dedo índice y medio, los cuales
lamió y besó. Con esos mismos dedos, procedió a acariciar sus labios, primero
los de su boca, luego los de su vagina, los acariciaba de arriba abajo, estaba
mojada y muy caliente. Abrió sus labios y pasó su lengua por su clítoris,
repetidas veces, arriba y abajo, derecha e izquierda, muy rápidamente, ella no
hallaba de donde sostenerse, el mueble, la cabeza de él, la pared, el mueble
otra vez, no se podía contener. Eso la descontrolaba y esa era su idea, por eso
siguió. Continuó lamiendo su clítoris, alternando con ligeros mordiscos, ella
se agitaba cada vez más, el con su mano izquierda la apretaba fuertemente por la
nuca, y con la derecha acariciaba sus senos. Así hasta que llego el primer
orgasmo de ella. El silencio, que hasta el momento sólo había sido interrumpido
por sus fuertes respiraciones se vio cortado por un grito de ella y una
exhalación profunda. Se estremeció fuertemente, apretó la cabeza de él con sus
piernas y lo soltó, no se podía controlar. La
razón había cedido ante los instintos, los tapujos ante las ganas.
Él se bajó el bóxer hasta que
cayó en el suelo y la última prenda desapareció. Agarró su pene y lo pasó por
encima de sus labios, golpeó suavemente su clítoris, con su glande presionaba,
arriba y abajo, arriba y cada vez un poco más abajo, hasta que lo introdujo,
lentamente, la sensación en ambos fue intensa estaban muy calientes, ella muy
húmeda, él siguió, hasta el final, la sacudida de ella sólo fue interrumpida
por la cercanía del cuerpo de él, completamente juntos se habían vuelto uno
solo. Él la beso, fuertemente. Ambos se vieron, no sabían exactamente como
habían llegado hasta ahí, pero no importaba.
Él sobre ella presionó con su
cadera, hacia adentro y hacia afuera, el movimiento se hizo más amplio, pero
controlado. Y continuó, aumentando la velocidad, disminuyéndola. Su respiración
se agitaba más y más. Él poco a poco iba viendo que le gustaba.
Él le levanto la pierna derecha y se apoyó sobre ella mientras la
penetraba, su rodilla rozaba su seno, ella no sabía que era tan flexible. Él
empujaba con fuerza, la penetración era profunda, sacaba lentamente y luego
volvía a arremeter, él hacía un ocho con su cadera, cambiando el ángulo de
entrada y salida, ella se incrusto en el sofá, se aferraba fuertemente a este
como si su vida dependía de ello, gemía de dolor, pero su cuerpo pedía más. Él
se detuvo un momento, ella con una mirada un gesto con la cabeza, le indicó, le
rogó, que continuara.
La agarro por la pierna y la rotó, quedando recostada de lado en el sofá,
el mordía suavemente su muslo y su costado descubierto, ella lo agarró por el
cabello y lo haló, “penétrame otra vez” quiso decir, él entendió la seña y en
esa misma posición, procedió, primero a rozar con su glande sus labios, muy
húmedos y muy calientes, ella se desesperaba y se mojaba más. Hasta que casi
sin aviso lo introdujo, en un solo movimiento rápido, hasta el fondo. Un gemido
seco se escapó, ahogado por la respiración agitada y desesperada, la falta de
aire y tal vez, un breve instante de inconsciencia. Él aumento la velocidad
gradualmente y sus gemidos se hacían cada vez más agudos y así hasta
que, con una estocada final el segundo orgasmo llegó.
Él la tomó por los glúteos y
empezó a levantarla, a lo que ella, todavía temblando, se aferró fuertemente a
su espalda y apretó su cintura con sus piernas. Él la besó fuertemente y así la
llevo hasta la cama en la habitación contigua. Se dejaron caer, a lo que siguió
unas risas infantiles, pero la mirada de ella cambió rápidamente, como diciendo
“ahora es mi turno”. Ella se montó encima de él, controlado todos los
movimientos, en posición de cuclillas subía y bajaba, el recorrido era el
máximo, el placer también. Ella empezó a acelerarse, el levanto sus manos y le
dio un punto de apoyo, ella se arqueo hacia atrás comenzó a gemir y casi de
sorpresa llego el tercer orgasmo, se detuvo por un instante mientras todo su
cuerpo temblaba, ella recostó las rodillas en el sofá para estar más cómoda,
trataba de recobrar el aliento. él la agarro firmemente por las caderas y
empezó a moverla, su respiración se aceleraba nuevamente, pareció que bailaba
la danza del vientre, hacia adelante y hacia atrás, él empujaba con nalgas y
piernas hacia arriba, no había espacio entre ambos, acariciaba sus senos, él
levanto su torso y comenzó a lamer sus senos, a morder sus pezones suavemente,
ella aprovechó esa posición para tomarlo por la espalda y darse más empuje, él
la apretó por la parte de atrás de las costillas, su cabellera negra se agitaba
en todas direcciones y brillaba junto a sus ojos a la luz de la luna que
entraba por la ventana, así el cuarto de ella llegó fácil. Sus piernas
temblaban enérgicamente, y él sin salirse de ella, la tomó nuevamente por las
nalgas y se sentó en el borde de la cama, ella de frente, horizontal,
suspendida en el aire, su cabello casi rozaba el suelo, solo sus brazos fuertes
con las venas prominentes la sostenían y evitaban que se cayera. Luego con
impulso la juntó a él, sus cuerpos calientes se apretaban, se fundían en uno
solo, los movimientos eran más largos,
más profundos. La luz de la luna bañaba el rostro de ella y proyectaba la sombra
de ambos en la pared. Al quinto orgasmo de ella llegaron casi juntos,
exhaustos, agitados, acelerados.
-Estuvo demasiado bueno- exclamó
ella.
-Es así,- respondió, -tenemos que
repetirlo. Una sonrisa de satisfacción invadía sus rostros. Se acurrucaron en
la cama.
Ella de espalda a él, viendo los
pinos a través de la ventana, bañados por la luz de la luna, le pregunta: ¿esto
es un sueño? No, respondió, ella puso cara triste, como decepcionada, a lo que
el completó la frase " es mejor, porque es real"
Así ella se durmió con una gran
sonrisa en su regazo.
Fin, por ahora.